viernes, 25 de diciembre de 2009

Pobreza y exclusión en Hidalgo


Hablar de la pobreza es uno de los temas más recurrentes en México, ya sea para negarla o para usarla, la más de las veces, como mecanismo generador de votos. La pobreza se ha convertido en el gran elector mexicano, quien tiene mejor discurso en torno a ella; mejor manera de administrarla y hacer parecer que se combate, es quien se lleva la tajada mayor de votos.
Ahora mismo se inicia en el estado la pelea por la gubernatura, el pretender demostrar quien hace mejor las cosas y como es posible, por ello, hacer a un lado a quienes no sirven o carecen de propuestas en torno a la pobreza.
Propuestas, hoy ser propositivo es mucho mejor que ser ejecutante de acciones en contra de la pobreza.
Pero de algo podemos estar seguros, la pobreza es un agente excluidor y discriminador; quien la padece, más allá del discurso oficial y de la propuesta electoral, se encuentra alejado del disfrute pleno de sus derechos humanos más fundamentales. Se encuentra atrapado en el no poder, en el no tener oportunidad; arrinconado en la palabra demagógica de las oportunidades ofertadas a cambio del voto. Pisoteada la dignidad en el simple discurso de: "si votas por mi..."
En la pobreza no se puede ser libre, porque se carece de oportunidades, porque se carece de las más mínimas condiciones que generen igualdad, que propicien la equidad. Entonces la equidad que se proclama en medio de la pobreza es hueca, hipócrita y demagógica, no importa de donde venga.
En la pobreza los derechos no existen porque quien tiene hambre y no puede saciarla pierde su derecho a la alimentación; porque cuando alguien es pobre y se enferma pierde de manera contundente su derecho a la salud. En la pobreza, la dignidad es el derecho más ultrajado y es el derecho más inherente al ser humano.
Valdría la pena, que en lugar de promover el voto en favor de algún candidato (todos), se pudiera presentar un programa real, eficiente, útil y aplicable en contra de la pobreza.
Somos la primer generación que puede realmente combatir la pobreza, estamos desperdiciando ese tiempo y quizá, la única oportunidad.

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